Era una sala no muy grande, con un puñado de preciosas fotos en blanco y negro, ventanas a la vida de los pandilleros de la mara 18 en La Campanera, barriada de Soyapango, en el este de San Salvador. Con ellos convivió Christian Poveda durante más de año y medio y allí parió su documental "La Vida Loca", que se estrenó en el Festival de San Sebastián, justo después de la exposición de Perpignan, y que tiene previsto su estreno a finales de este mes en los cines franceses. Poveda ya no asistirá, murió asesinado anteanoche.
Era hijo de republicanos españoles huídos a Francia tras la Guerra Civil y miembro destacado de Reporteros Sin Fronteras. Había trabajado en casi todos los conflictos armados desde finales de los 70 (El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Chile, Perú, Bolivia, Argentina, el Sahara Occidental, Sierra Leona, el Líbano, la guerra Irán-Iraq, Filipinas, Camboya...) pero se quedó atrapado en El Salvador.
Los últimos cuatro años los pasó en contacto con los mareros y no tenía planes de abandonar el tema. Decía: "La relación que hago es tomar el tema de las maras aquí como un tema universal. Vamos a lo peor que puede existir, lo peor que se puede hacer en política social para terminar generando este tipo de cosas, y tomarlo como un ejemplo universal para que nosotros, por lo menos en Europa, podamos ver las consecuencias de un fenómeno así..." "Hay que entender por qué un niño de 12 o 13 años llega a involucrarse a una pandilla para darle su vida, porque estamos hablando de eso."
Hay que entender por qué un ser humano se juega la vida a diario para sacar unas fotos, grabar unas imágenes, recoger unos testimonios, que poco tienen que ver con la vida cómoda que ofrecen los despachos.
Yo vuelvo a estar en pleno tornado, me he quedado atrapada en El Salvador también, esta noche he dormido tres horas, soy incapaz de dejar de buscar información de lo que ha podido suceder para que alguien le pegara cuatro tiros en la cara, y de lo que pueda suceder en adelante.